lunes, 4 de julio de 2011

Murakami: Tokio Blues

Me tenté y leí un libro de Murakami que venía reservando en mi biblioteca. Al estilo "Rompa el vidrio en caso de emergencia", Tokyo Blues esperaba detras del vidrio. (En realidad la emergencia no llegó, pero valió la pena hacerme trampa a mi mismo).

Si bien este libro tiene el mismo estilo que los dos anteriores que leí (Kafka en la Orilla y Crónica del Pájaro que de Cuerda al mundo), es el que presenta a un Murakami más convencional. Esto tiene sentido porque esta novela es anterior, es del año 1987, por lo que el absurdo, la improvisación y lo políticamente incorrecto no está tan presente (aunque a modo de ejemplo no me puedo sacar de la cabeza una escena donde una niña de doce años seduce a una mujer adulta y la envía a una especie de exilio auto-impuesto). Es decir, es Murakami, y está novela es igual de adictiva y desestructurada que las anteriores.

Esta novela la definí como una novela adolescente escrita desde la adultez. Nos hace sentir una nostalgia mitad real y mitad imaginaria. Más que hacernos viajar en el tiempo, trae a nosotros los sentimientos adolescentes de despreocupación, amor e inseguridad (y que cada uno complete según su vida) que nos definían en esa etapa.

Es excelente como describe el modo de vivir de los adolescentes, esa mezcla de intuición, reflexión, racionalidad, inconsciencia, viviendo en días que nunca se parecen entre sí y estando en una búsqueda basada en la improvisación, justamente como si tocaran Blues. La referencia a la música esta presente en toda la obra, la utiliza para describir el paisaje sonoro y utiliza a los Beatles como referencia de toda una generación.

Murakami tiene una gran capacidad para la descripción de personajes, los hace moverse por la novela de una forma concreta e intuitiva a la vez, todos tienen una frontera definida pero están vinculados los unos a los otros, como astros siguiendo leyes universales. La descripción de los dos amores del protagonista, Naoko y Midori, hace que nos terminemos enamorando de cada una de ellas de una forma distinta. Una tiene una hermosura etérea y platónica y la otra sensual, concreta y consumable.

El eje principal de la novela es la forma en que los protagonistas descubren dos de las grandes cosas que tenemos que descubrir en esta vida: la muerte y el amor (en esto me hizo acordar a aquel cuento de Borges "La noche de los dones"). También como a través del amor comparten a sus muertos, como descubren que la muerte es nada más y nada menos que parte de la vida.

Un detalle del libro, es que nombra a Uruguay, pero no vale la pena darle mucha atención, porque la descripción es bastante errática. Somos una especie de país centro-americano-bananero. Cuando escriba de Japón me lo voy a confundir con Corea del Norte. Obviando esto. Libro excepcional.