"La Pelusa" es un relato en el que algo imperceptible, como la pelusa de los álamos que se extienden por Montevideo, precipita un cambio trascendental en la vida de un hombre.
La obra es un monólogo relatado por un narrador omnisciente, que
accede a la intimidad del protagonista, a su flujo de conciencia y a su
pasado, y que parece aconsejarlo sobre el camino que debe tomar. Por
momentos da la impresión de que el narrador es una voz del propio
protagonista, una especie de “yo” supraconsciente que se despierta de
golpe y le brinda un momento de lucidez para verse en tercera persona y
propiciar el cambio.
“Habrás notado que en los sueños uno no tiene
voluntad. Más bien las cosas suceden, sos como una bolsa de naylon que
el viento arrastra de un lugar a otro sin consuelo. Como la pelusa de
los árboles. ”
Al llegar a su casa, el protagonista observa la pelusa de los árboles en la vereda y algo se activa en su interior. En el oscuro pasillo "uterino" que conduce de la calle al comedor, comienza a reflexionar y a cuestionar su vida. Mientras tanto, en el comedor y a pocos metros de él, su mujer mira televisión, tan cercana y lejana como el resto de la casa y de su vida.
“La sensación es la de una intensa paz y una reconfortante alegría. Como si ese espacio fuera la duplicación de un espacio interior, algo que cargaste dentro tuyo desde siempre, algo que te adormece, te emociona, te da paz y una reconfortante alegría. ...Has pasado por allí cientos de veces y recién ahora, un dia como cualquier otro, aflora esta sensación de solidaridad, de estrecha solidaridad con esta sala en penumbras.”
Se trata de un hombre de unos treinta y cinco años, que se enfrenta al hecho de que ya no es jovén y de que no es libre, y que de hecho nunca ha actuado con libertad. Tiene una pareja, una casa y un trabajo, pero todo le fue digitado, todo fue preparado por el sistema para convertirlo en este engranaje, en el rol que ocupa dentro de la sociedad.
En la descripción del monólogo interior se cita la descripción de otros eventos fortuitos vividos por el protagonista, de la misma naturaleza que la “pelusa” que propicia todo el relato. Se comenta un encuentro lejano con la mirada de un niño, el hijo de un ex compañero de liceo, que a la distancia había logrado entender lo que pasaba dentro de él, y le había brindado su solidaridad inter generacional, cambiándolo para siempre. También se evocan los sueños de la infancia y de la juventud, como la extraña admiración por Preud'homme, el golero de Bélgica en Italia 90’, una cita típica de un monólogo interior, donde hay pensamientos inconexos que vienen y van todo el tiempo.
El libro plantea un conflicto esencialmente masculino, el de “liberarse”, el de seguir los sueños de la infancia (ser mochilero, luchar por una causa, vagar de mujer en mujer) y abandonar el adoctrinamiento de la hiperracionalidad; o el de tener la ambición para avanzar en el mundo con las reglas establecidas (tener un buen trabajo, un autito, hijos y la casita afuera para el fin de semana).
También analiza la relación con el sexo opuesto:
“Por supuesto que ella es feliz, a su modo, ella es feliz, asi , ella es una mujer increíblemente capacitada para la espera, podría esperar toda la noche, incluso meses, es un capacidad asombrosa, natural, exquisita, algo que no aprende, una capacidad que ningún hombre podrá entender jamás. Para el hombre el amor es otra cosa: es deseo, es pasar momentos agradables, es emborracharse y decir estupideces, es abrazar a un ser más pequeño y sentir que lo protege...”
“Si lo pensas entenderás que no es justo. Vos con la sensación de que algo se desmorona dia tras dia, y ella como un edificio de la antigüedad, monumental, incólume, resistente al tiempo, en espera de tu regreso.“
A medida que avanza el relato, el protagonista empieza a encontrar otras “pelusas” que lo molestan en lo cotidiano, y de las que tiene que escapar, como un extraño adorno de su mujer que lo deprime y lo inquieta cada día, y que solo él y los niños pueden comprender, o el olor a Glade que su mujer esparce constantemente y que lo hacen sentir un extraño en su propia casa.
“Ella está de espaldas, a pocos metros, y a pesar de la escasa luz, reconoces ciertos tramos de su cuerpo, los hombres erguidos, puntiagudos y pálidos, los pequeños omoplatos sacudiendose, cada tres exactos segundos, al compás de la respiración, y el lunar que tantas veces recorrió tu lengua y que ahora es como la plaza de un pueblo fantasma....No ves de algún modo que ella fue durante todo este tiempo una araña tensa. Una araña acorralada por un enemigo sustancialmente mayor. “
Sin embargo toda la revolución del protagonista se reduce en un único acto sin romanticismos ni vestigios de futuro, sólo el placer de la fuga, de liberar un “yo” más narcista, de jugar la última carta para el cambio, aunque el próximo paso no sea otro que tomar una cerveza y comer un sandwiche caliente en el bar de la esquina.
Como dice el prólogo, el libro es esa imperceptible pelusa que puede resultar molesta para el lector, instalando un dilema de la misma dimensión del que tiene que enfrentar el protagonista.




