El Gran Gatsby es una novela que solo podría haber sido escrita en un momento y un lugar: Nueva York de los "locos y felices" años veinte.
Todo buen libro tiene que tener y administrar correctamente su cuota de misterio, y en el caso de "El Gran Gatsby" esta es su mejor virtud. El protagonista principal (Gatsby) y la forma en que lo retrata el narrador, un periodista que casualmente se muda al lado de su mansión, mantienen al lector alerta y conjeturando teorías sobre su secreto por gran parte del libro. El hecho de que el narrador no pertenezca al circulo de Gatsby ni sufra de esa fiebre de los locos años veinte, nos permite adentrarnos en la historia con sus propios ojos.
Después de todo, debajo de todo gran (y pequeño) hombre hay solo un sueño.
"Gatsby creía en la luz verde, el futuro orgiástico que año tras año retrocedo ante nosotros. En ese entonces nos fue esquivo, pero no importa; mañana correremos más aprisa extenderemos los brazos más lejos... hasta que, una buena mañana...
De esta manera seguimos avanzando con laboriosidad, barcos contra la corriente, en regresión sin pausa hacia el pasado"
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