El carnaval se vio afectado radicalmente por el proceso dictatorial, primero por la censura, la detención y exilio de sus componentes, y segundo porque toda expresión artística es parte y reflejo de la sociedad en la que está inmersa.
En el libro se refleja el cambio organizacional que sufrió el carnaval, primero organizado por la intendencia, luego autogestionado por DAECPU y luego por otra organización similar pero con más control militar una vez que DAECPU fue disuelta. Año tras año el carnaval encontraba problemas económicos y de organización que lo hacían comenzar con retrasos, llegando incluso a comenzar a fines de febrero.
Una de los aspectos que se analiza en el libro es el rendimiento de los jurados, aspecto que siempre se cuestiona en concursos de este tipo con amplia base popular, pero que en estos años y con la influencia militar dejaron en evidencia su falta de independencia e imparcialidad.
A comienzos del periodo de análisis, La Soberana era la murga que se caracterizaba por ser la más critica, primero con el gobierno democrático y luego con la dictadura. En los tablados, que se contaban por decenas en Montevideo, una cantidad significativamente mayor que la que hay en la actualidad, la Soberana era despedida en cada actuación con una ovación. Por otro lado había grupos con un discurso más tradicional y conservador, que buscaban contribuir a la paz social por medio de un discurso conciliador, como es el caso de los Patos Cabreros.
Luego de instalada de dictadura la censura y la persecución comenzaron a hacerse extensivas. Los conjuntos debían presentar sus libretos y la descripción de su vestimenta y escenografía con antelación. Muchos grupos terminaban arreglando los libretos en las escaleras de la oficina dedicada a este fin, minutos antes del plazo final, con el costo de perder efectividad en su mensaje. Los letristas debían extremar su ingenio para eludir la censura, cualquier palabra, frase repetida o gesto podía representar un guiño con los espectadores, que esperaban ansiosos la oportunidad de ver su realidad reflejada en el escenario y de hacerlo en comunión con otras personas.
Los grupos perdían componentes claves horas antes de las actuaciones oficiales, ya que la dictadura los detenía como parte de su aparato represivo. En varias ocasiones los grupos no podían participar del carnaval y el resto de los concursantes aportaban dinero para que el resto de sus compañeros y familia tuvieran un ingreso.
En el libro se comenta el surgimiento de otros grupos emblemáticos del carnaval, como los parodistas "Las Ranas" que se componía por varios jóvenes egresados de la escuela municipal de teatro, muchos de ellos futuros artistas. También el surgimiento o resurgimiento de otros grupos, como La Reina de la teja y Falta y Resto, que serían los mayores exponentes de la resistencia del carnaval a la dictadura.
En el libro se resalta que el principal objetivo y aporte del carnaval no fue la lucha o resistencia explicita a la dictadura, más allá de algunos aportes importantes en este sentido, sino su supervivencia. La lucha o resistencia a la dictadura no era un fin, sino un medio para lograr preservar el espíritu irreverente, la independencia y la comunión con la sociedad del carnaval.
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