miércoles, 21 de mayo de 2014

El origen de la tristeza es la primer novela de Pablo Ramos, un libro que tiene un componente autobiográfico muy fuerte y que está ambientando en el suburbio bonaerense de 20 o 30 años atrás.

Habla de un mundo que ya no existe, al menos más allá de la cabeza del autor y algunos de sus lectores, que logran transportarse con el libro a un típico barrio obrero de aquel tiempo, marcado por la pobreza, por el sacrificio, por la colectivización de las experiencias de vida, los prejuicios y los discursos de moda.

El libro está narrado en primera persona y el protagonista es un niño que vive en el momento clave de la vida, cuando comenzamos a perder la inocencia. Se suma además que vive en un mundo marcado por la adversidad, lo que lo obliga a moverse hacia una adultez precoz, experimentando todo el rigor del aprendizaje por "prueba y error".

En el libro se relatan tres anécdotas de vida, que tienen cierta independencia entre sí, pero que plantean el universo literario del protagonista y desarrollan el argumento que gira entorno al título del libro. Quizás el origen de la tristeza no explique únicamente la experiencia de vida del protagonista o del autor, también la experiencia traumática que todos enfrentamos cuando perdemos la inocencia y nos damos cuenta de la vicisitudes de la vida.

Sin embargo, más allá de los momentos traumáticos y el drama que vive el protagonista, en la novela se muestran también esos momentos de felicidad efímera y descubrimiento que “salpican” la vida, que nos dan ganas de vivirla y también de volver a nuestra infancia y adolescencia.

Por momentos me pareció que estaba ante una versión “peronista” de "Las ventajas de ser un marginado" (me fui al carajo con la comparación), donde queda clara la importancia de las amistades en la pubertad y la adolescencia y también la necesidad de conocernos a nosotros para conocer el mundo (y a la inversa). En ambos casos los protagonistas son seres sensibles y creíbles, con nexos fuertes con sus coetáneos, pero también con algunos adultos claves que los ayudan a crecer.

Al leer este libro me acordé de "La noche de los dones" de Borges, donde el protagonista conoce en una noche las dos experiencias más relevantes a los que nos enfrentamos como seres humanos: el amor y la muerte.

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¿Cómo describir mi llanto..., mi odio...,
la desesperación de haber perdido el paraíso?
ROBERTO ARLT

Y descubriste que crecías como tus padres. Que papá
no era Dios, ni siquiera un buen vendedor, sino un
hombre tembloroso y aterrado en medio de una pesadilla.
J . P. DON LEAVY

“En una de las mesas hubo un revoleo de dados seguido de unos manoteos, y mientras alguien recitaba la formación de Argentina en el mundial de Inglaterra, un largo zapucai llegó desde la letrina justo a tiempo para tapar el "Uruguayo botón" que otro decía por lo bajo. Hasta que un pelirrojo grandote al que llamábamos La Garza, aseguró que la Provincia Oriental del Uruguay había sido siempre argentina y que debían devolverla.

—¡A ver si se calman un poquito porque si no llamo a la taquería! —gritó el Uruguayo, y golpeó varias veces el mostrador con el culo de una botella—. Te das cuenta, pibe —me dijo—, uno se embrutece entre estos monos....”

Rolando tenía unos cincuenta años y llevaba más de treinta viviendo en las bóvedas del cementerio de Avellaneda. Por eso casi todo el mundo se lo tomaba en joda. Y más cuando estaba borracho. En cambio yo pensaba que cada cual podía vivir dónde se le diera la gana. Nosotros, por ejemplo, vivíamos entre los vivos y eso no quería decir que la pasáramos mejor. Era cuidador del cementerio y en su oficio había que lustrar bronces, arreglar tumbas, limpiar

los huesos de los que iban a pasar de tierra a nicho y juntar del crematorio lo que podía quedar de un finado para ponerlo en una bolsita y entregárselo a los pariente....

Las mujeres de los afiches eran tantas que uno se mareaba. Pero había una en particular de la que yo me había enamorado. Y me había enamorado en serio. Estaba sobre la pared del banco destinado al archivo de papeles.

Era una rubia que hacía la propaganda de los rulemanes SKF. Estaba delicadamente desnuda, montada a caballo en un rulemán gigantesco. El pelo lacio hasta la cintura, los labios húmedos apenas abiertos y las tetas rosadas llenas de diminutas gotas de rocío. Tenía la mirada triste, como si alguien la hubiera abandonado sobre ese rulemán que mantenía apretado entre las piernas por temor a caerse. La foto era tan real que a donde quiera que yo iba la rubia me seguía con la mirada. Lo raro del afiche era que en la parte de abajo, en letras chiquitas, figuraba su nombre.Decía: Modelo: Andrea C.

—Los que tenemos más tiempo en el barrio vamos en la primera tanda —dijo Percha. Y aunque sonaba bien, igual se nos complicaba porque salvo el Carlón y el Tumbeta todos vivíamos desde siempre en el barrio. Marisa dijo que le parecía una idea injusta, y que mejor lo hiciéramos revoleando una moneda: a cara o ceca, pero nadie estuvo de acuerdo.
—Y vos qué te metes —le dijo Alejandro—, si no la tenes igual que nosotros.
Marisa, que era la que mejor peleaba porque practicaba judo en el Brisas del Plata, saltó encima de mi hermano, le hizo una Doble Nelson y lo obligó a retirar sus palabras.
—Marisa si tiene ganas también va —dijo el Chino—, y después que haga lo que quiera.

Mis amigos se quedaron dormidos como ángeles. Salvo Marisa y yo que quedamos despiertos, en silencio, mareados, bajo el ruido suave de los chorros que llegaban a su fin. Sentí cómo la cercanía de su presencia modificaba algo en mí, que tal vez tenía que ver con esa extraña tristeza. La miré: mi amiga ya no era la misma. Le vi los pequeños pechos endurecidos contra la remera húmeda y me crucé con su mirada: una mirada que me dio como un chucho. Vino hacia mí. Empapada, con la ropa pegada al cuerpo, y sin dejar de
mirarme a los ojos. Pegó su cara a la mía, me apretó fuerte contra sus tetas y me metió la lengua en la boca

Entonces apareció Marisa. Tenía el pelo negro recogido sobre la nuca, la cara blanca bien lavada y los pómulos rosados. La miré y me quedé petrificado. Descubrí en ese momento qué era la belleza. Había estado confundido toda mi vida; no había nada en los afiches del taller de papá que pudiera compararse a la imagen que ahora tenía Marisa. La camiseta, como a todos nosotros, le debía de quedar grande, pero ella se había ajustado el chaleco de arpillera con una soga y eso le hacía resaltar la figura. Recordé el sabor de su lengua en mi boca y la presión de sus tetas. Podía imaginar, detrás de aquel abrigo improvisado, el escudito de cuero que, como un satélite verde, flotaría entre los suaves planetas que eran sus tetas...

En ese momento me pareció que la vida era un hecho triste y feo, sobre todo feo. El incendio amenazaba dejarnos sin barrio y ahora nuestra escuela se había convertido en la casa de la gente sin casa y parecía que nunca más volvería a ser nuestra escuela.

Aunque la idea era para entusiasmarse —quiero decir: cualquiera en mi lugar se habría entusiasmado con ella—, me sentí mal. Estaba avergonzado, por lo de soñador; era algo que siempre me decía la Cueto, pero ahora que la señorita Florencia había usado la misma palabra creí que ella también era parte de lo mismo, y que era incapaz de ver más allá de las apariencias. Sentí que, por distinta que fuera ahora, se convertiría con el tiempo en una persona falsa.
—Yo no soy soñador —dije.
—Bueno, Gabriel —dijo la señorita Florencia—, ser soñador es, para algunas cosas, algo muy bueno.
—Algo muy bueno que yo no soy —dije.

Ojalá no lo hubiera dicho. Era una mentira espantosa: nunca un adulto iba a ser de verdad el amigo de un chico. No sé, pero era horrible, yo me hacía una idea de alguien y esa idea crecía y crecía en mi cabeza para el lado que yo la alimentaba; después, un santo día, esa persona largaba dos o tres palabras y todo se me iba la mierda. ¿Por qué me habían llamado a mí? Yo no era el mejor alumno de mi clase, y la señorita Florencia no me hablaba mucho, hablaba casi siempre con María Campari, o con los hermanos Alonso: unos gemelos tan inteligentes como uno se podía imaginar. Sentí que todo era una farsa y no entendía por qué me habían elegido a mí para llevarla a cabo.

Tomé un puñado de ralladuras de estaño y caminé hacia la pecera. Los peces seguían como si nada, de acá para allá. Saqué la tapa y solté una pequeña cantidad. Un pez subió desde las piedritas del fondo y picoteó el estaño. Entonces solté el resto: una lluvia plateada, que quedó suspendida en el agua revuelta por los sacudones que daban los peces al comer





Viajes de exploración por las selvas de Indochina - Hugo Bernatzik

En las pasadas vacaciones la elección del libro a leer tuvo dos curiosidades. Primero elegirlo de la biblioteca disponible en la casa de verano, bibliotecas que siempre presentan una colección ecléctica, y segundo leer un libro sobre viajes, aprovechando el doble juego de viajar en la realidad y en la lectura.

El libro elegido fue “Viajes de exploración por las selvas de Indochina” de Hugo Bernatzik, un famoso antropólogo y fotógrafo austríaco, creador del concepto de antropología alternativa. El libro data del año 1938 y es una especie de diario de viaje del autor y su esposa a lo largo de Indochina, analizando desde el punto de vista antropológico las distintas poblaciones del lugar. En esta zona observa la influencia de distintos pueblos, de origen mongol, chino e indio, como también de tribus autóctonas, presentando la diversidad étnica del lugar. En aquel momento no se tenían mayores datos de estas culturas, justificado en gran parte por la falta de interés de occidente por conocerlas y también por las dificultades logísticas para hacerlo. Los hallazgos de Bernatzik son relevantes ya que obtiene nuevos “eslabones” evolutivos que permiten entender la evolución de las distintas razas de la humanidad.

Dentro de los grupos que analiza, llama la atención la tribu de los “Espíritus de las hojas amarillas”, un grupo humano que vivía de forma muy primitiva y al límite de la supervivencia en el medio de la selva. Este grupo era tan difícil de encontrar, que otras tribus más avanzadas y de naturaleza sedentaria afirmaban que estaban extintos.

Dentro de las características de este grupo se destaca la forma en que eran ayudados (otras explotados) por tribus más adelantadas, lo simplificado del lenguaje, su bajo desarrollo cognitivo y su baja tasa de supervivencia.

La crianza de los niños no se basaba en recompensas o castigos, los niños eran independientes y se amoldaban al comportamiento del clan necesario para sobrevivir. El único caso por el que la madre castigaba al niño era en el caso de que este mintiera. Los niños no tenían juguetes ni juegos organizados, simplemente jugaban con las cosas que encontraban en el lugar o se dedicaban a reproducir lo que hacían los adultos. También llama la atención que se “higienizaban” con el contacto con el fuego y por esta razón eran “lampiños”.

Otro aspecto interesante es el impacto del opio en los ciudadanos del lugar, tanto en la ciudades como en las tribus. Por ejemplo se pueden ver las leyendas creadas a partir de esta sustancia, o el caso de una pareja que vivía en la selva idílicamente alejado de todo el mundo, cuando en realidad se refugiaban de la adicción del marido al opio. 

Las observaciones hechas por el antropólogo y su esposa nos contagian de su amor por la ciencia y de ese afán humano que tenemos por entendernos, usando al máximo nuestro poder de empatía. Conmueve entender lo diversa que es (¿era?) la humanidad y el tesoro que eso representa. Aspecto que en esa época estaba amenazado por la expansión colonialista y hoy en día por la globalización, con un impacto mucho mayor.

Al leer el libro da un poco de nostalgia saber que los mecanismos para adquirir conocimiento ya no son tan románticos como otrora.  








martes, 20 de mayo de 2014

Eucaliptus - Agustín Acevedo Kanopa

Eucaliptus es un libro de relatos escrito por Agustín Acevedo Kanopa, crítico de cine y música de La Diaria. El nivel de los relatos es desigual pero tiene varios puntos altos en “Eucaliptus” (relato que da nombre al libro), “Vito”, “Los lobos marinos” y “Todos los ríos del Paraguay”.

En “Eucaliptus” se relata las vacaciones de una pareja “cuarentona” en Santa Teresa, donde los protagonistas revisan su pasado y tienen un viaje dentro del viaje (un clásico de la literatura y del cine), que los hace tomar consciencia de su propia crisis personal, construida al margen de las dificultades que puedan tener como pareja.

La historia está narrada en primer persona por el hombre de la pareja, que nos comenta escenas extravagantes y en algunos casos absurdas. Después de todo, el tipo de experiencias que tenemos en vacaciones, cuando abandonamos la rutina y debemos convivir con nosotros mismos.

El título puede deberse a los eucaliptos que crecen en Santa teresa y en todo el Uruguay, reproduciendose como una enfermedad, monopolizando la vegetación y el paisaje, como el estado de ánimo que se apodera del personaje.

Además hay varias escenas o paisajes del relato que incluyen estos árboles. Primero cuando se describe la imagen de los árboles afectados por el incendio ocurrido en Santa Teresa. Segundo cuando el narrador describe el baño improvisado/espontáneo que usan otros acampantes entre los eucaliptus, a pocos metros de su carpa. Tercero cuando el protagonista encuentra una palmera sobreviviendo a la infección de eucaliptos y arbustos de los alrededores.

En “Vito” se relata la experiencia de una prostituta que tiene que atender a un cliente que vive en el barrio de su infancia y que le hace evocar el recuerdo de aquella época.

En “Los lobos marinos” el narrador describe un encuentro del pasado con un personaje enigmático que hace acordar al de “El gato y el ratón”. Es interesante la introducción de este relato, ya que el disparador es el hobbie del protagonista que consiste en almacenar conversaciones del pasado en una serie de cassettes.

Por último en “Los ríos de Paraguay” el protagonista tiene la oportunidad de acercarse a una de las ninfas de su adolescencia, aunque en ese trayecto se da cuenta de que el tiempo los ha cambiado a ambos.

Los puntos fuertes de los relatos es el desarrollo de la psiquis de los personajes, el halo de misterio que nos genera la lectura (factor imprescindible para un buen libro) y la imaginación del autor, que logra transportarnos a “lugares comunes” que no son habituales (valga la redundancia, comunes) dentro de nuestra literatura.








martes, 13 de mayo de 2014

Seis tesis sobre el neodesarrollismo en Uruguay


Articulo completo en http://www.pvp.org.uy/?p=4680
Por Carlos Santos, Ignacio Narbondo, Gabriel Oyhantçabal y Ramón Gutiérrez.

Les dejo un resumen de un articulo que analiza la situación actual de Uruguay y la historia reciente. Es muy claro conceptualmente y se puede coincidir con el análisis más allá de la postura política de cada uno. 


Tesis 1- El neodesarrollismo profundizó un régimen de acumulación favorable al capital transnacional que no alteró en lo sustancial el modo de regulación económica forjado durante el período neoliberal

En este marco los criterios centrales de la política macroeconómica del FA, orientada a generar un “clima de inversiones” amigable para los capitales transnacionales, han sido la contención de la inflación, un tipo de cambio flexible, la reducción del déficit fiscal a partir de la simplificación del sistema tributario y la reducción de la evasión impositiva. Las principales diferencias con respecto a gestiones anteriores se han relacionado con el énfasis en la reducción del desempleo y con una gestión del endeudamiento externo que buscó su reducción con respecto al PBI y su re-estructuración en el mediano y largo plazo. En cuanto al tipo de cambio se ha registrado una fuerte apreciación de la moneda en comparación con las economías regionales (en Brasil y sobre todo en Argentina la política cambiaria ha priorizado la competitividad), socavando la posibilidad de impulsar políticas de fomento a la industrialización

El otro aspecto que permite afirmar que el modelo económico neodesarrollista se asienta en el modelo de acumulación gestado durante el neoliberalismo tiene que ver con el andamiaje jurídico utilizado. El gobierno del FA prácticamente no eliminó ninguna de las leyes señeras del período neoliberal, e incluso ha promovido nuevas leyes que sostienen el régimen de acumulación. Algunas de las principales leyes son: Ley Forestal, Zona Franca, AFAP, Marco Regulatorio de Energía, Ley de Participación Público Privada, Minería de Gran Porte.

Tesis 2 - El neodesarrollismo estableció un nuevo modo de regulación social basado en el incremento de derechos y en políticas sociales compensatorias (suba del salario real, disminución de pobreza, indigencia, protección de sectores vulnerables como trabajadores rurales y empleadas domésticos)

Tesis 3 - El neodesarrollismo sustentó su legitimidad social en la consecución de avances socioeconómicos de carácter coyuntural que le garantizan al mismo tiempo amplio apoyo popular y respaldo por parte del capital.

Estos elementos muestran que el período 2005-2012, pautado por un contexto económico internacional favorable para los países en desarrollo y un conjunto de políticas internas de estímulo a la inversión, constituyó un escenario más que favorable para la reproducción del capital, pero que al mismo tiempo dio espacio para una recuperación de los sectores más empobrecidos a través de políticas sociales y de recuperación salarial. Esta combinación es la que explica en buena medida la fuerte estabilidad social que viene caracterizando a los gobiernos del FA y su “versión” del modelo neodesarrollista, que recoge por un lado la anuencia del sector empresarial nacional y transnacional que opera en Uruguay, y por otro un fuerte apoyo popular, otorgándole al FA la capacidad de mantener el consenso social en torno al modelo socioeconómico y político vigente.


Tesis 4. A pesar de los logros de los últimos siete años, el modelo neodesarrollista no modificó, sino que agudizó dos problemas estructurales centrales: la desigualdad y la dependencia.

El elemento característico de las economías latinoamericanas es su carácter dependiente y desigual. La dependencia resulta de la inserción subordinada de las economías periféricas en una estructura económica mundial dominada por las potencias centrales. Desde esta perspectiva, el subdesarrollo no puede comprenderse como una etapa hacia el desarrollo, sino como la consecuencia necesaria de un sistema económico mundial dominado por las economías centrales. La dependencia se expresa en dos aspectos clave: una permanente transferencia de excedentes desde las economías periféricas a las centrales a través del intercambio desigual, el pago de intereses de deuda externa y la transferencia de ganancias desde las filiales locales de las empresas extranjeras (según CEPAL -2012- la repatriación de utilidades en América Latina y el Caribe se multiplicó por cuatro entre 2000 y 2010, pasando de US$ 20.000 a US$ 80.000 millones); y un condicionamiento de la estructura productiva, generalmente primarizada y agroexportadora, en función de la división internacional del trabajo.

La desigualdad, por su parte, resulta de la esencia del modo de producción capitalista. Desde Marx sabemos que la necesidad del capital de expandirse en escala ampliada implica una extracción creciente de plusvalía, cuya consecuencia inevitable es la reproducción de la pobreza absoluta (desempleo, marginación, informalidad, salarios bajos, etcétera.) y/o de la pobreza relativa (concentración de la riqueza y desigualdad). Las economías dependientes, en tanto economías capitalistas, no escapan a esa tendencia; por el contrario en ellas la desigualdad se expresa de una manera más aguda. Según Marini (1973), el intercambio desigual que padecen las economías dependientes en el mercado mundial conduce a las burguesías locales a buscar un incremento de ganancias a través del incremento absoluto de la plusvalía y de la super-explotación del trabajo. Ello, sumado a estructuras de propiedad (fundamentalmente de la tierra) mucho más concentradas, configura un escenario de desigualdad y concentración de la riqueza mucho más acentuada en las economías periféricas. En este marco, América Latina sigue siendo el continente más desigual del planeta.

Por otra parte, lejos de atenuarse, se consolidó el carácter primarizado de la economía uruguaya, especializada en la producción de bienes agroindustriales de bajo valor agregado, que la ubica de manera subordinada en la división internacional del trabajo

A su vez el conjunto de la economía atraviesa un claro proceso de extranjerización de la propiedad y de la producción, fundamentalmente en el sector agroindustrial, que supone un creciente flujo de ganancias hacia el exterior. A nivel del control de la tierra entre 2000 y 2011 los propietarios uruguayos pasaron de 90% a 54% en el control de la superficie nacional, mientras las personas jurídicas (fundamentalmente sociedades anónimas) pasaron de 1% a 43%, apropiándose de 7 millones de hectáreas (DIEA, 2012)

El otro componente del problema estructural del Uruguay es la desigualdad. Según Messina (2013) esta puede evaluarse de dos formas: (1) la distribución de la propiedad de los “activos” y los medios de producción (tierra, instalaciones, empresas, vivienda, acciones, etcétera.); y (2) la distribución de la riqueza generada en un período de tiempo dado entre las distintas clases sociales (la distribución funcional del ingreso), determinada en buena medida por la distribución de los medios de producción.

En relación al primer aspecto varios autores señalan que estos están mucho peor distribuidos que el ingreso (Amarante, Vigorito, Fernández, Pereira y Umpiérrez, 2012). Mientras en 2010 el índice de Gini para el ingreso de los hogares era de 0,42, el índice de Gini de los ingresos provenientes del capital era de 0,97. Sólo en el caso de la tierra en 2011 las 4200 explotaciones más grandes representaban el 9% del total y concentraban el 60% de la superficie agropecuaria (DIEA, 2012). También en el comercio minorista se observa un evidente proceso de concentración de la propiedad, aunque según Messina (2013) un solo grupo económico controla la mayoría de las acciones de las cadenas Disco, Devoto y Géant, mientras en 2012 la cadena Ta-Ta adquirió la cadena Multiahorro.

El índice de Gini el índice puede mostrar paradójicamente una reducción a medida que la economía se extranjeriza y concentra, tal como viene sucediendo en Uruguay.

Tesis 5. En el plano de la conflictividad social, el neodesarrollismo marcó el fin del ciclo de luchas contra el neoliberalismo, abriendo paso al consenso liberal progresista e impidiendo configurar por el momento un nuevo ciclo de lucha.

Esta paz social en la que ha vivido el neodesarrollismo puede explicarse por dos grupos de razones: (1) el FA es la expresión política de los sujetos populares que protagonizaron los últimos ciclos de lucha y por ende mantiene una clara hegemonía entre las organizaciones del campo popular; y (2) las mejoras en las condiciones de vida de los trabajadores dadas por el nuevo modo de regulación colocan al modelo como superador de la etapa neoliberal reforzando su legitimidad (el “daño menor” frente al “malo conocido”).

Tesis 6. Los conflictos sociales que se dan en el marco del neodesarrollismo responden a la lógica dual de la acumulación capitalista: reproducción ampliada y acumulación por desposesión.

El otro eje de conflictividad, el de la acumulación por desposesión, ha presentado mayor dinamismo durante el neodesarrollismo. Una serie de conflictos sociales han puesto en el tapete la discusión en torno a la apertura de nuevas esferas de la economía para la valorización del capital (megaminería, puerto de aguas profundas, etc.)

Conclusión

Uno de elementos que se desprende del análisis en las tesis precedentes es la necesidad de
cuestionar la afirmación de que el neodesarrollismo es una etapa necesaria en el tránsito hacia el socialismo. Como sostiene Mazzeo (2012) esta idea de etapa está absolutamente fetichizada en muchos de los análisis políticos que se realizan desde la izquierda

Esta noción genera en concreto la idea de que el avance del agronegocio, de la megaminería a cielo abierto y otros megaemprendimientos en manos del capital son una etapa necesaria y favorable a los intereses populares. Es propio de la moralización de las nociones de modernización y progreso como aspectos buenos en sí mismos. Esta concepción ve en el capitalismo el mejor ordenador de la economía, que llegado el momento podremos socializar, sin trastocar sus bases tecnológicas.

Esta concepción conlleva al menos cuatro efectos para la militancia de izquierda: (1) confusión y crisis identitaria de una parte de los militantes socialistas que se ven multiplicando la fuerza del enemigo de clase como tarea política definida y que son llamados a defender acciones que rechazaron históricamente; (2) sensación de tarea cumplida en aquellos que lo único que hacen es observar y aplaudir como el capital engorda sus arcas, mientras sólo se disputan migajas; (3) descreimiento en las fuerzas propias, en el poder histórico de la voluntad humana, muy cercano a la derrota que propinara el “fin de la historia”, que legitima al capital como organizador de la sociedad porque “no podemos hacerlo distinto ni mejor”; y (4) empobrecimiento intelectual y político en la medida que no estimula la creatividad político-organizativa frente a los desafíos de la acumulación de fuerzas en los tiempos que corren .

Para desentrañar la noción de etapa puesta en juego cabe preguntarse ¿Cuál es la duración prevista de esta etapa? ¿Cuándo se considerará suficiente el crecimiento material o la madurez de las fuerzas productivas? ¿Importa el destino de ese crecimiento material? ¿Cuándo se considera educado al pueblo para transitar al socialismo? ¿Quién determina esos momentos? ¿Cuál es la alianza que impulsa esta etapa y cuál configura la siguiente?

La disyuntiva para el movimiento popular uruguayo es que si asume como tarea militante
sostener este neodesarrollismo, no generará condiciones para consolidar otro modelo en disputa