miércoles, 21 de mayo de 2014

Viajes de exploración por las selvas de Indochina - Hugo Bernatzik

En las pasadas vacaciones la elección del libro a leer tuvo dos curiosidades. Primero elegirlo de la biblioteca disponible en la casa de verano, bibliotecas que siempre presentan una colección ecléctica, y segundo leer un libro sobre viajes, aprovechando el doble juego de viajar en la realidad y en la lectura.

El libro elegido fue “Viajes de exploración por las selvas de Indochina” de Hugo Bernatzik, un famoso antropólogo y fotógrafo austríaco, creador del concepto de antropología alternativa. El libro data del año 1938 y es una especie de diario de viaje del autor y su esposa a lo largo de Indochina, analizando desde el punto de vista antropológico las distintas poblaciones del lugar. En esta zona observa la influencia de distintos pueblos, de origen mongol, chino e indio, como también de tribus autóctonas, presentando la diversidad étnica del lugar. En aquel momento no se tenían mayores datos de estas culturas, justificado en gran parte por la falta de interés de occidente por conocerlas y también por las dificultades logísticas para hacerlo. Los hallazgos de Bernatzik son relevantes ya que obtiene nuevos “eslabones” evolutivos que permiten entender la evolución de las distintas razas de la humanidad.

Dentro de los grupos que analiza, llama la atención la tribu de los “Espíritus de las hojas amarillas”, un grupo humano que vivía de forma muy primitiva y al límite de la supervivencia en el medio de la selva. Este grupo era tan difícil de encontrar, que otras tribus más avanzadas y de naturaleza sedentaria afirmaban que estaban extintos.

Dentro de las características de este grupo se destaca la forma en que eran ayudados (otras explotados) por tribus más adelantadas, lo simplificado del lenguaje, su bajo desarrollo cognitivo y su baja tasa de supervivencia.

La crianza de los niños no se basaba en recompensas o castigos, los niños eran independientes y se amoldaban al comportamiento del clan necesario para sobrevivir. El único caso por el que la madre castigaba al niño era en el caso de que este mintiera. Los niños no tenían juguetes ni juegos organizados, simplemente jugaban con las cosas que encontraban en el lugar o se dedicaban a reproducir lo que hacían los adultos. También llama la atención que se “higienizaban” con el contacto con el fuego y por esta razón eran “lampiños”.

Otro aspecto interesante es el impacto del opio en los ciudadanos del lugar, tanto en la ciudades como en las tribus. Por ejemplo se pueden ver las leyendas creadas a partir de esta sustancia, o el caso de una pareja que vivía en la selva idílicamente alejado de todo el mundo, cuando en realidad se refugiaban de la adicción del marido al opio. 

Las observaciones hechas por el antropólogo y su esposa nos contagian de su amor por la ciencia y de ese afán humano que tenemos por entendernos, usando al máximo nuestro poder de empatía. Conmueve entender lo diversa que es (¿era?) la humanidad y el tesoro que eso representa. Aspecto que en esa época estaba amenazado por la expansión colonialista y hoy en día por la globalización, con un impacto mucho mayor.

Al leer el libro da un poco de nostalgia saber que los mecanismos para adquirir conocimiento ya no son tan románticos como otrora.  








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